"Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora" - Proverbio hindú
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miércoles, 30 de noviembre de 2016

HUMANINDO PROSOPON RODRIGUEZ, CREADOR DE SOFISMAS


Humanindo Prósopon Rodríguez. Personaje peculiar. Vividor de grandes épocas, desarrollado a partir del siglo V, pariente de la cultura helénica, filósofo de la naturaleza y del hombre. Transgresor por derecho de Dios y de reyes, de la naturaleza, del genio y de sí mismo. Libertador del espíritu, suscriptor de la teología divina, aunque también de la Ilustración, viajante por los distintos modos de producción y los nódulos filosóficos en cadena. Seguidor de enormes conjeturas, bebé del esclavismo, adolescente del feudalismo, joven tempranero de la Burguesía renaciente y poderoso estadista del XVIII. De complexión delgada, tez clara y cabellos castaños, fue el prototipo fiel del humanista más exhacerbado llegada la cincuentena. De aterciopelada inteligencia y refinado gusto por las falacias existenciales y el paladar sibarita. La esencia, siempre por delante de la existencia, podría ser perfectamente su leitmotiv. Hasta que tomó el poder personificado y desbancó a toda una época oscura y medievalística. Con el Renacimiento su calvario templado en búsqueda permanente quedó relegado a la intransigencia por la obtención de un verdadero y objetivo pensamiento científico. El Materialismo nunca fue su fuerte. El Idealismo sustentó su cruz. He aquí su historia:

Asistimos en vivo y en directo a un sistema general de representación ideológica del mundo, pero también filosófica y científica, bueno, más bien empírica. Porque ésa ha sido la teoría dominante con sus tesis análogas. Su protagonista, Humanindo Prósopon Rodríguez. Es observable que como ideólogo en diferentes épocas históricas y grupos sociales concretos ha adoptado diferentes concepciones del mundo.

Su nacimiento se gestó en las sociedades de comunismo primitivo, previas a la división de clases. Allí donde los grupos humanos se consideraban parte integrante de la naturaleza. Las relaciones entre los distintos miembros del grupo o corpus social se basaban de manera intrínseca en la colaboración y en la cooperación. No hubo por aquel entonces, por tanto, ningún tipo de competencia más que la propiamente establecida con el entorno y en un contexto colectivo donde la ayuda mútua regía todo tipo de necesidades, aunque estuviesen jerarquizadas.

Más tarde, iniciada ya la etapa de la madurez incipiente, durante la época feudal -y con anterioridad esclavista (si bien tuvo aquí fases de culto religioso animista y politeísta, según experiencias en el antiguo Egipto, Roma o la Grecia Clásica)-, su concepción y mapa del mundo giraba en torno a la idea de Dios. Inmerso en el Feudalismo, consideraba que la humanidad se encuadraba dentro de una representación terrenal enfocada hacia la divinidad, es decir, a imagen y semejanza de Dios. Un temor irresoluble que al mismo tiempo le impelía a sufrir castigos y limitaciones de Estado ligadas al poder de la Iglesia. Los estamentos inamovibles e intransformables le jugarían una mala pasada más de una vez. Incluso estuvo a punto de morir en la hoguera por influencia de Torquemada.

Devino la estructura compleja inbuida en los criterios a seguir por el hombre de las sociedades burguesas. Y es en esta tesitura individualista donde empieza a concebir el mundo desde la propia idea de sí mismo, del hombre, con un desarrollo histórico ligado a la expresión del avance de la Razón y del Humanismo Post-renacentista.

Ahora bien, él nunca supo precisar que estas concepciones del mundo no son diferentes por las ideas que contienen. No podía cambiar la Ideología eliminando tan solo algunas ideas y ya está. O añadiendo otras. Era necesario establecer una ruptura con todo un sistema general de representación del mundo atendiendo a los diferentes modos de producción y en consonancia con un desarrollo fluyente y por etapas de las fuerzas productivas nacientes. Desde ese sistema general de representación del mundo se concebía cada fenómeno como particular. Por ejemplo, durante su infantilidad feudalizada estuvo sujeto al pago de diezmos por trabajar las tierras acotadas en manos del dueño y propietario, un señor feudal cualquiera de un feudo o latifundio, mientras él se prestaba a trabajar y reproducirse como siervo de la gleba mientras las epidemias se extendían por los diferentes reinos y hacían mella entre la población de afectados. No podía desprenderse de un sofisma recurrente del que estaba erróneamente convencido: los castigos divinos. Es por ello que en numerosas ocasiones contribuyó a que se organizaran rogativas o ceremonias de arrepentimiento, una ritualística costumbrista que le predeterminaba. Porque correspondía a su concepción ideológica del mundo a la que estaba sujeto y que al mismo tiempo era retroalimentada por su práctica social concreta, que a su vez, estaba históricamente determinada y acumulada en un tiempo y en un lugar. 

Desde el punto de vista ideológico y en función de los intereses de clase predeterminados por las luchas en el modo de producción, defendió solemnemente, a efectos de la corriente dominante coyuntural, los intereses de la nobleza y de los señores feudales, colocados estratégicamente en el lugar de dios en la tierra como sus representantes, gestores o intermediarios.

Y después con su vitalismo existencial desde el Humanismo naciente, desarrollado por la burguesía triunfadora, desafió este orden establecido, consiguió destronar a Dios y a su programática jerárquica vinculada a los monasterios -las cunas del saber- y a la iglesia secularizada, los centros del mundo, junto al señor feudal y al rey, para situar en su mismo lugar al hombre. Siendo ese hombre ya un "hombre nuevo", desposeído de la idea de subordinación al Padre, un hombre que se ha hecho a sí mismo y que es capaz de escribir la historia con su propio dedo índice, señalando a la razón y al idealismo, a ese humanismo que se relaciona de forma muy antagónica con el argumentario de la imagen y semejanza con Dios como necesidad vital de crecimiento del espíritu. Dios ya no se encontraba por encima.

Todas las revoluciones burguesas dieron este combate y Humanindo Prósopon Rodríguez se mantuvo alerta y encabezándolas, desafiando el dominio feudal. Rompiendo y desestructurando el Establishment de una época oscura y larga de superstición y creando el clima de opinión consecuentemente necesario para tomar el poder del Estado, hasta lograr quebrar los límites impuestos por el Feudalismo e instaurando el desarrollo del Capitalismo.

Nos recuerda Lorca, a colación del capitalismo finalizando su etapa de libre cambio, en tanto en cuanto se va dando paso a los monopolios y a la concentración de capital, esto mismo: 

"Que ya las cobras silbarán por los últimos pisos,
que ya las ortigas estremecerán patios y terrazas,
que ya la Bolsa será unan pirámide de musgo,
que ya vendrán lianas depués de los fusiles
y muy pronto, muy pronto, muy pronto,
¡Ay, Wall Street!

(Danza de la Muerte. "Poeta en Nueva York". Federico García Lorca)

O esto otro:

Grito hacia Roma (desde la Torre del Chrysler Building)
(Poeta en Nueva York, Federico García Lorca)

Manzanas levemente heridas
por finos espadines de plata, 
nubes rasgadas por una mano de coral
que lleva en el dorso una almendra de fuego.
Peces de arsénico como tiburones
tiburones como gotas de llanto para cegar una multitud,
rosas que hieren.
Y agujas instaladas en los caños de la sangre,
mundos enemigos y amores cubiertos de gusanos
caerán sobre tí. Caerán sobre la gran cúpula
que untan de aceite las lenguas militares
donde un hombre se orina en una deslumbrante paloma
y escupe carbón machacado
rodeado de miles de campanillas.

Porque ya no hay quien reparte el pan ni el vino,
ni quien cultive hierbas en la boca del muerto,
ni quien abra los linos del reposo,
ni quien llore por las heridas de los elegantes.
No hay más que un millón de herreros
forjando cadenas para los niños que han de venir.
No hay más que un millón de carpinteros
que hacen ataúdes sin cruz.
No hay más que un gentío de lamentos
que se abren las ropas en espera de la bala.
El hombre que desprecia la paloma debía hablar, 
debía gritar desnudo entre las columnas.


En cuanto a lo que pensaba Humanindo Prósopon Rodríguez respecto de la filosofía, distaba mucho de lo que más en adelante formularía el Materialismo Dialéctico de Marx y Engels. No creía en lo siguiente que voy a exponer como contrapunto y antagonismo de su pensamiento, asociado al humanismo burgués, lo que refiere la Dialéctica, esto es: que la filosofía es un cuerpo teórico, es lucha de clases en la teoría e implica necesariamente una toma de posición. Tiene un carácter práctico de clase y sustenta a la ideología. Sirve para transformar el mudo porque su determinación y práctica, en los hechos, tiene consecuencias políticas. Humanindo se mostraba total y absolutamente disconforme con apoyar que el hecho de partir del materialismo frente al idealismo ayuda a conocer la historia ligada a la propia condición natural del hombre, como condicionante de clase social y, por tanto, a combatir a quienes explotan a sus semejantes y a los centros y órganos incrustados dentro del poder del Estado. Rechazaba de plano que solo así los hombres del capitalismo podían conocer la realidad social científicamente para poderla transformar. Si, Humanindo Prósopon Rodríguez, ese gran creador de sofismas y de dudas existenciales, amador de Descartes y de Platón y su Mito de la Caverna. Un dogmático redomado. Un sofista profesor de metafísica.

Odiaba a Louis Althusser, le consideraba paradójicamente un dogmático:

"La filosofía es, en última instancia, 
lucha de clases en la teoría"
(Louis Althusser)

Porque la filosofía no es una ciencia, ni mucho menos es la "ciencia de las ciencias". La Filosofía tiene un carácter práctico y también un carácter ligado a la clase social. Un cuerpo abstracto ya que una categoría filosófica es una abstracción indemostrable con la que se caracteriza la realidad. Por ejemplo la materia, el hombre, una idea. E implica necesariamente una determinada toma de posición atendiendo al punto de vista o a varios de ellos que la determinan.

En Grecia surgió la filosofía como consecuencia de la necesidad de elevar y complejizar todavía más la práctica social dada, puesto que la humanidad había alcanzado ya un determinado grado de desarrollo y no bastaban los mitos, la poesía de Homero y de los Aedos, los principios ideológicos que hablaban de Dios, y el propio nódulo central fijado en Dios como ente onmipotente y director de las obras de los hombres. Las relaciones entre éstos era ya muy sofisticadas, surgiendo las polis y las ciudades, el ciudadano como categoría de clase representando al indivíduo y los esclavos y extranjeros o Metecos. El Estado estaba conformado por estadistas y hombres del Senado. Existían leyes y toda una judicatura alrededor y el ejército pertenecía al Estado. Tampoco las instituciones y el poder estatal estaban legislados por y pertenecían a un rey o un faraón de Egipto, pongamos por caso. Sino a cargos políticos que jerarquizaban distintos cuadros electos. Sin posibilidad de que lucharan por ellos los terratenientes y los ciudadanos con menos recursos o tierras. Lo que se dió fue la conformación perfectamente organizada, ordenada y jerarquizada de todo un sistema sumamente complejo que precisaba del Estado y de la filosofía a su servicio.

Los filósofos, lo que han hecho a lo largo del curso de la historia, ha sido ni más ni menos que interpretar de distintas formas y con diferentes procedimientos cognitivos el mundo. Y al igual que Humanindo -como exponente riguroso del filosófo adscrito al idealismo y a la metafisica-, no se preocuparon de darle a la filosofía un carácter práctico para poder transformar nuestro mundo desde ahí, con ese criterio de práctica social. Sino desde el teoricismo. Pero el mundo se puede transformar, es cambiante y mutable, así como las circunstancias que lo mueven. Todo lo que uno piensa y expresa viene de las ideas. Estas son sociales y están históricamente determinadas. Por tanto, todas las ideas sin excepción, incluidas en un sistema filosófico del mundo, un cuerpo teórico ordenado y jerarquizado, conformado por tesis y categorías filosóficas que en el terreno de la teoría expresan una determinada toma de posición, constituyen el sustento teórico de la ideología y la determinan, con todas las consecuencias políticas que este axioma acarrea.

Humanindo Prósopon Rodríguez, también fue un hombre de ciencia peculiar, profundamente ortodoxo, un virtuoso de las ciencias empíricas. Antagonista fidedigno de la ciencia materialista.
Ese fue el motivo fundamental  que le impidió contribuir a realizar grandes avances científicos tal y como se considera o debería considerarse la ciencia, un cuerpo teórico que permite conocer y establecer conceptos y leyes de carácter universal, así como de leyes objetivas que rigen un proceso de desarrollo de la materia. Su objeto de estudio nunca fue la realidad inmediata o un objeto formal-abstracto. Por el contrario, se dedicó a procesar y sintetizar la acumulación de información que constaba de una suma de datos o de objetos real concretos que en su sentido fuerte podían existir. En sus últimos tiempos contribuyó notablemente a desarrollar la tecnología aplicada derivada de una ciencia ya creada de la que inducía tan solo una somera aproximación a la realidad pero no al conocimiento de la esencia de las cosas. Fue a todo esto un gran sociólogo y también un médico reputado.

La ciencia objetiva, materialista, nos indica en su definición que es la encargada de acceder al conocimiento de los objetos real-concretos (un árbol centenario situado en un bosque de los Vosgos, por ejemplo), a condición de trabajar también y al mismo tiempo sobre objetos formal-abstractos -el modo de producción o la teoría de la relatividad- valgan a modo de ejemplos.

Así pues, durante una época determinada observó reiteradamente a los astros y su movimiento a través del telescopio y no se encargó de formular teóricamente mediante las matemáticas o las fórmulas y algoritmos propios de la física. A este respecto y como contraposición, estuvo de acuerdo en demonizar los estudios de Copérnico, Galileo o Kepler cuando establecieron la teoría del Heliocentrismo en detrimento del Antropocentrismo. No constató pues mediante su práctica de investigación -que realizó mediante la observación simple y a través de sus cinco sentidos y la percepción de lo visto para confirmar solo mediante esta metodología y no en base al método científico- la aparición y surgimiento del continente científico de la Física. 

Estos objetos formal-abstractos citados son modelos teóricos que no dan conocimiento sobre ningún objeto real-concreto, pero son imprescindibles para conocer los procesos particulares de la materia física o de tal o cual elemento químico. 

La posición que manifestó Einstein al referirse a la física de Newton era que: 

"He aprendido algo de la teoría de la gravitación, ninguna colección de hechos empíricos, no importa su amplitud, puede llevar a su formulación". Porque "se necesita crear conceptos alejados de la experiencia inmediata si se aspira a una mayor comprensión de la naturaleza".

El Empirismo exige no ir más allá de la experiencia. Y Humanindo no quería ni oír hablar de refutar su catálogo idealista y netamente empirico de conocimientos en serie. Por contra, pensaba que se podía actuar sobre los "fenónemos", las manifestaciones externas de los procesos que él mismo percibía a través de sus sentidos y de la observación. Lo cual le aportaba aproximaciones o probabilidades, nunca certezas. Estaba convencido de que ir mucho más allá era mera especulación. Y que era dogmático afirmar que existe algo mucho más allá de lo datos proporcionados por la experiencia. Solo podía estar seguro de la existencia de sus percepciones sensoriales. Necesitaba una demostración para evaluar los distintos procesos de la materia, necesitaba verla con sus propios ojos. Así que se dedicó toda su vida en aquella etapa vital a limitar sus investigaciones a una mera síntesis y ordenación del material empírico, una suma de datos y de objetos real-concretos a los que denominó y describió.

Criticó con ímpetu a Einstein cuando éste había demostrado que, segun propias palabras: "La creencia de un mundo exterior o independiente del sujeto es la base de toda la ciencia natural".
Así también llegaría a afirmar el propio Einstein: "Tú crees en un dios que juega a los dados y yo en el único valor de las leyes de un universo en el que cada cosa existe objetivamente". 

Cómo iba Humanindo a poder sospechar que desde la mecánica de Newton y mucho después con la definición teórica de la Relatividad de Einstein y el desarrollo de la Física Cuántica, no se iba a dar ningún salto cualitativo más en la consecución de nuevos teorías verdaderamente materialistas y nuevos descubrimientos o hallazgos, independientes de toda observación o medidas. 

Es triste, acompañamos en el sentimiento al gran triturador de la ciencia, Humanindo Prósopon Rodríguez, fílósofo ilustrado y sofista de la naturaleza para más señas, así como ideólogo humanista. Porque sus posiciones denotan que las sociedades humanas y el mundo no se pueden conocer, pero sobre todo que no se pueden transformar. Y esto a día de hoy supone una regresión histórica, volver a la época de las tesis idealistas "el hombre hace la historia en materia filosófica o científica". "Estas tesis pueden producir efectos nefastos -como dijo Althusser- sobre el conocimiento científico, efectos retrógrados" (...). Y continúa: (...) "filosóficamente vuelve a partir de cero y nos devuelve a los buenos tiempos de Descartes, Kant o Fichte, de Hegel y de Feuerbach" (...)

Sobre todo, nos impide conocer la realidad para transformarla.

No te acompaño en el sentimiento ni reconfortaré a tus seguidores en tu futuro sepelio, eso espero, Humanindo Prósopon Rodríguez.



Manu Chao - Lágrimas de oro

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